2012/10/06

Los ashemut - Magia y sangre


Wölftar y Whine entraron en el pueblo a todo correr. Se morían de hambre. Pero una imagen desalentadora los frenó en seco. Había dos montones en el centro del pueblo. En uno, todos los habitantes del pueblo descuartizados, sin brazos ni piernas ni cabezas; en el segundo, las extremidades cortadas. Los cuervos y buitres estaban sobrevolando el poblado destruido. Los edificios quemados y destruidos, la tierra llena de sangre y los cadáveres del ganado, aparte de los montones llenos de despojos, era todo lo quedaba el pueblo.

Whine no se inmutó ante la escena. Puso una mueca de asco, pero nada más. Wölftar desmontó lentamente y poco después, se acercó a una esquina y vomitó de puro asco. No podía creer lo que había pasado en el pequeño pueblo pacífico de Yalîn.

Yalîn era el pueblo de donde venían los comerciantes más estrafalarios hacia Aswïndir. Vendían amuletos, gemas, estatuillas e ídolos...cosas de ese estilo.

Whine se acercó a Wölftar.

-Si quieres podemos rodear el pueblo. Seguro que en Alimdar o Reytar tienen lo que buscamos.

Wölftar asintió mientras se limpiaba los labios con la manga. No podía creer lo que estaba viendo. Parecía una pesadilla.

Fueron hacia los caballos cuando escucharon un cuerno de guerra. Al principio no le dieron importancia. Pero entonces vieron a unas figuras de unos tres metros saliendo de los edificios destruidos. Eran ellos. Los ashemut. Su cuernos eran enormes y retorcidos. Parecían astas de toro pulidas y hechas en metal. Su cara era parecida a la de los humanos, pero más bestializada, como sus ojos, grandes como platos o su nariz, enorme, con la parte inferior grande y abultada. Estaban rollizos pero eran fuertes. Su único punto débil era su lentitud y su poca agilidad. Iban armados con grandes mazas y escudos redondos de madera.

Wölftar y Whine no vacilaron y salieron al galope, intentando pasar por delante de ellos.

Wölftar quería pedir ayuda a alguien. A quien fuera. Entonces se acordó de Wemus. Lo llamó mentalmente y esperó a que hiciera acto de aparición.

Tras conseguir evitar el muro de ashemuts, salieron por la puerta sur del pueblo, hacia los caminos que llevaban a la lejana ciudad de Reytar.

Wemus apareció entonces de entre unos matorrales a la izquierda del camino y se puso al lado de Wölftar. Wemus estableció contacto con Wölftar.

-Nos siguen corriendo. Serán lentos de movimientos, pero corren como demonios.

Whine se desvió a la derecha, hacia un bosque que, al final, daba con la cadena montañosa de La Santas Montañas, al lado del mar.

Tras unos minutos adentrándose en el bosque, se pararon a esperar, a un lado del camino. Parece que no los seguían.

-Bien -dijo Whine-, parece que no nos siguen. Tú debes ser el compañero de Wölftar.

-Exacto -dijo Wemus, mirando a Whine con sus ojos verde esmeralda-. Mi nombre es Wemus. Tu debes ser Whine. Wölftar me ha hablado bastante de ti durante el camino -miró a la entrada del bosque por donde habían entrado-. No hay que distraerse, aún nos buscan.

En ese momento, tres ashemuts salieron por la retaguardia. La sorpresa fue general. Wemus se tiró hacia uno de lo ashemut, desgarrándole difícilmente el vientre, debido a su piel dura y curtida, mientras Whine luchaba contra otro. El tercero se dio cuenta de la presencia de Wölftar y fue a por él.

Wölftar yacía en el suelo, al borde de la inconsciencia. Entonces se dio cuenta de que un ashemut iba hacia él. Involuntariamente, alzó su mano derecha apuntando hacia la bestia, mostrando su palma y gritó:

-¡Sezu!

Un rayo azul brotó de su mano e hizo salir volando por los aires al ashemut, chocando y tumbando al que estaba luchando contra Whine. Wemus consiguió morder el cuello de su enemigo y se reunió con Whine. Estaba al lado de Wölftar. Yacía en el suelo, inconsciente.

Wölftar estaba absorto en sus ensoñaciones. La inconsciencia lo llevaba a lugares extraños...

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