Al pensar en Lorca, por estas fechas es casi común que se piense en el terremoto acontecido hace 2 años. Y eso solo ha sido el principio.
Al llegar el dinero de las ayudas, la maravillosa administración lorquina vio más útil ese dinero para pagar facturas y reparar iglesias que ayudar a sus propios ciudadanos con los centros escolares y las viviendas. Centros como el IES Ramón Arcas y el IES Ros Giner (mi centro) siguen sin reparación y, el Ros Giner, en construcción ya que los daños fueron tantos que tuvieron que tirar el edificio. Así que fuimos trasladados al centro IES Nº6 (Ahora llamado Bartolomé Pérez Casas en su honor). Este se encuentra en las Fuerzas Armadas de Lorca. Para que os hagáis una idea: A TOMAR POR EL CULO. Al ver este problema, echaron mano del servicio de autobuses urbanos, el cual es, como mínimo, mediocre.
La parada que se encuentra al lado del supermercado DÍA es, sin duda, en la que más alumnos se concentran. Así que tuvieron la maravillosa idea de mandar un autobús de como 30 o 40 personas para una parada donde hay, por lo menos, 50 o 60 personas, por no hablar del estado lamentable de los autobuses (sin ir más lejos, hace unos meses un autobús ardió, literalmente, hasta reducirse a cenizas con los escolares dentro. Por suerte, no hubo pérdidas mortales).
Y hoy a algún jefazo se le ha ocurrido, como todas las anteriores, otra maravillosa idea: juntar a los alumnos del DÍA con alumnos de pedanías (El Campillo, Purias, etc) haciendo que esos 50 o 60 se conviertan en casi 100, sobrecargando de manera peligrosa el autobús. Esto podría haber desembocado en una tragedia mayor, como la rotura del suelo por sobrepeso, la parada del vehículo o un fallo del motor Y no son 10 o 15 personas, son casi un centenar de menores que, por una negligencia, podrían haber perdido la vida. Y no solo por eso. Imaginaos estar en un urbano con casi 100 personas. Agobiante, ¿no? Además, hay que contar con la brutalidad de los alumnos, entrando en avalancha como si del juicio final se tratara, empujando y dando pisotones. Eso, perfectamente, puede acabar en aplastar a uno o varios compañeros y ahogarlo. O, directamente, un agobio total de gente claustrofóbica.
Total, que aún hoy, la gente no se percata de la gravedad del asunto en Lorca. El terremoto, los medios mediocres con los que se trata a los escolares y la constante ignorancia que nos cae. Si esto hubiera pasado en el Congreso o en alguna ciudad con más importancia que el pequeño pueblecito de Lorca, esto se hubiera acabado a los pocos meses del seísmo.
En una palabra, y con todo mi ODIO Y DESPRECIO A LA ADMINISTRACIÓN: DENIGRANTE.