El aire que se respiraba era frío y el lugar era lo más siniestro que jamás había visto en mi vida. Tras una extraña oleada de muertes me había tocado a mi ir a investigar. Mi mujer y mi hijo me esperan en mi casa, con el miedo de que nunca más fueran a ver a esa figura que les daba los buenos días todos los días sin excepción y que se iba a su trabajo en la investigación militar.
El no poder volver a casa era una posibilidad constante. El extraño asesino conocido como Slenderman había causado más daño que ningún otro criminal jamás había causado en toda la historia de este país. Yo podía ser el héroe que lo librara todo del mal o en otro nombre más escrito en su lista de la pared.
Había recorrido el sitio mil veces, mas nada había llamado mi atención hasta ese momento. Vi algo en una celda. Algo que me dijo que tenía que salir de ese lugar.
Era un foto. Una foto de este mismo lugar, hecha por otra persona. Allí aparecía él. Su rostro era inconfundible. Tras ver esto me asaltó un instinto y empecé a mirar en todas las celdas. En la mayoría había fotos suyas en otros lugares. Una mansión, un colegio abandonado, e incluso una foto de la calle que se cerró por la infección de un virus. Todo era muy extraño.
Entonces empecé a escuchar ruidos. Mis ojos captaron interferencias como una pantalla y unos tambores resonaban en mis oídos como si a mi lado un percusionista tocara.
Y entonces fue cuando comprendí la advertencia que me había hecho. Pero era tarde. Ya la había tomado conmigo. Saque mi arma y seguí caminando hasta la salida. Debía salir de allí con las fotos.
Pero era tarde. Lo vi con mis ojos una fracción de segundo y desapareció. Entonces me giré. Y allí estaba. Esperándome para matarme y descuartizarme.
30 de Octubre 1983. Bloc de notas encontrado junto a un militar descuartiza encontrado en una prisión abandonada.
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