2012/09/26

Temas delicados - Conversación con Whine


Wölftar tocó sigilosamente la puerta. Una voz emergió del fondo de la casa:

-Adelante...

Wölftar entró sin hacer demasiado ruido. La puerta daba directamente al salón, que no era ni muy grande ni muy pequeño. En él habían una mesa unos sofás y una chimenea, encendida, por supuesto.

Whine estaba sentado en un sofá, recostado, mirando fijamente a las llamas. Durante un momento, parecía no haberse percatado de la presencia de Wölftar.

Whine lo miro unos segundos y dijo:

-Siéntate. El camino hasta tu casa es largo y debes tener frío.

-Gracias... -dijo Wölftar, tímidamente-. Te quería preguntar unas cosas...

-Adelante – dijo Whine -. Soy todo oídos.

-Verás... Es sobre la historia de ayer...

-Ajam...

Whine tenía una mirada difícil de mantener. Sus ojos parecían atravesar a Wölftar.

-Querría saber por qué te fuiste tan precipitadamente del escenario.

Whine lo pensó un momento.

-Sabía que contar esa historia sería peligroso. Pero... -se sentó firme en el sofá– quería contársela a alguien. Llevaba mucho tiempo guardada en el rincón de los recuerdos y me parecía interesante. Pero me dijeron que parara de contarla y me fui. Me hubiera gustado hacer un poco de teatro.

Wölftar miró fijamente al cuenta cuentos y se percato de unas marcas en su brazo. La curiosidad pudo con él.

-¿Y esas marcas?

Whine miró a su brazo y se quedó como pensando un momento. Finalmente dijo:

-Eran de un ritual. Cuando me contaron lo de los Invocadores, me las hicieron como si yo fuera uno de ellos. Me hizo gracia, la verdad.

Wölftar miró un momento más las marcas y siguió preguntando.

-¿Qué clases de poderes tenían los Invocadores?

-Magia. Magia muy poderosa –dijo Whine, con una cara muy seria-. Usaban un antiguo idioma que les daba sus poderes. Las Montañas Utdaoet es un ejemplo. “Utdaoet” significa “oscuras”. O sea, “las Montañas Oscuras”.

-¿Conoces ese idioma? -preguntó Wölftar, asombrado.

-Sí... Lo aprendí hace un tiempo...

Whine parecía haberse perdido en sus propios pensamientos. Pero pronto conectó con la realidad.

-Bueno -dijo, sonriente-, ¿qué más quieres saber?

-Pues...

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