Tras una comida muy austera compuesta de carne poco hecha y alguna fruta, se fueron a dormir. Pero Wölftar no podía dormir.
Se levantó y exploró el bosque. Tras un rato andando, se encontró un pequeño claro con una colina. En la cima de la colina, crecía un roble. Wölftar subió la colina y se sentó apoyándose en el tronco del árbol.
Y entonces lloró.
Lloró como jamás antes había llorado. De frustración, pena, soledad, nostalgia...de dolor.
Pero no un dolor físico. Un dolor sentimental. Lloró y gritó para desahogarse.
Se acordaba de su primo, sus amigos, de su padre... Quizá nunca los volvería a ver. Por eso lloraba. Lloró hasta que se le secaron los ojos. Entonces miró a las estrellas. Quería regresar. Pero no podía ya.
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